Enfermedades de la fauna salvaje (Sarna o escabiosis)

Muchas son las enfermedades que afectan a la fauna silvestre y en concreto a las especies cinegéticas. Históricamente las poblaciones de conejos se han visto diezmadas por la mixomatosis o por la neumonía hemorragíca vírica (NHV), y más recientemente, se han producido importantes brotes de tularemia sobre las distintas subespecies de liebres.
El jabalí se ve afectado por la peste porcina y comparte muchas otras enfermedades con rumiantes o carnívoros, como la fiebre aftosa, la tuberculosis, la enfermedad de Aujeszky, queratoconjuntivitis o garrapatas.
En el caso de las aves, la influenza aviar o la enfermedad de Newcastle, son algunas de las enfermedades más relevantes.
En muchas ocasiones los animales que las padecen no presentan síntomas externos, por lo que es difícil su detección, por observación directa.
Algunas de estas enfermedades, son de gran importancia, ya que pueden suponer un riesgo grave para las personas, ya sea, por consumo de carne de caza, como la tuberculosis o la triquinellosis en el jabalí o simplemente como flujo de agentes patógenos, entre la fauna salvaje y el ganado doméstico.

Este invierno, con temperaturas medias, por debajo de lo habitual, se ha producido un repunte de casos de sarna, que si bien, en años anteriores afectaba principalmente a las poblaciones de rebecos, este año, se ha transmitido a ciervos, corzos, zorros o lobos.
Se cree, que el origen de la enfermedad en la fauna silvestre, ha sido por transmisión del ganado doméstico. En España y en concreto en algunas especies, como el arruí, la cabra montés o el rebeco cantábrico, ha llegado a alcanzar incluso brotes epidémicos (gran número de animales infectados).
El carácter social y gregario de muchas especies, es uno de los motivos de estos brotes, que está provocando grandes descensos poblacionales, hasta que finalmente se estabilice, lo que se conoce como "carácter autolimitante de la enfermedad".

El carácter social de especies como el rebeco, ocasiona que el contagio entre individuos sea inevitable.

Las ciervas, que forman clanes familiares, son propensas al contagio en grupo


La patología y clínica de la enfermedad, es compleja. Se trata de una enfermedad altamente contagiosa causada por el ácaro Sarcoptes scabiei, también llamado arador de la sarna.
La hembra del ácaro excava galerías en la superficie de la piel, dónde deposita sus huevos, provocando inflamación y picor intenso.
En fases más avanzadas se producen alopecias, que pueden ser generalizadas en cualquier parte del cuerpo, si bien, los primeros síntomas externos aparecen en orejas, cuello o abdomen.
Se transmite por contagio directo o porque los animales se alimentan y se tumban en zonas próximas unos de otros.
Las propias patologías de la enfermedad hace, que el animal afectado, requiera aportes adicionales de energía, reduciendo las reservas de grasas con la consiguiente perdida de peso y debilidad extrema que desencadena en la muerte.


Ciervo afectado, intenta aprovechar los recursos para aumentar las reservas de grasa.


La deteriorada capa de pelo, imprescindible para soportar las bajas temperaturas invernales, apenas le aísla del frío.


Las urracas perciben la debilidad del individuo y que el desenlace está próximo





Cuando la enfermedad está en fase muy avanzada, se produce descamación de la piel, prurito intenso y heridas ocasionadas por el propio animal al rascarse de forma continuada.
El picor intenso hace que el animal se erosione más la piel y se produzca heridas.

La evolución de la enfermedad en el individuo o en el conjunto poblacional, se ve afectada por una serie de factores, como pueden ser: el sexo, la edad, la condición física del animal, la dosis infectiva, la estación del año o la densidad poblacional.

Completamente debilitado y sin fuerza para la huida

Las lesiones graves en hocico y labios dificulta la alimentación, con la consiguiente perdida de peso, y el debilitamiento del animal hasta la muerte.


Rebeco o "cabrito" de 6 meses de edad

El intenso picor y el rascado continuo, debido a la liberación de grandes cantidades de histamina, ocasionan al animal un estado de estrés continuado que se manifiesta con un comportamiento anormal, viéndose alterados los intervalos de alimentación o descanso, búsquedas de zonas más frías para aliviar el picor, sacudidas constantes en el cuerpo, movilidad reducida, aislamiento por parte de otros individuos del grupo familiar, etc.

Los síntomas externos son evidentes incluso a cierta distancia


Cuando los animales se encuentran en fases avanzadas, las infecciones bacterianas derivadas son frecuentes por lo que supone otro factor más de riesgo.

Los síntomas externos no suelen aparecer hasta 4 o 6 semanas de la infección primaria, cuando ya existe una población de ácaros establecida. El avance y la rapidez de la enfermedad depende de factores intrínsecos al individuo (edad, sexo, tamaño corporal, reservas de grasa).

Ciervo recién desmogado en fase terminal




Especialmente grave, es la situación de este año, ya que el contagio se ha producido, en especies en las que las densidades poblacionales  no son tan elevadas, ni en especies de marcado carácter social, como pueden ser corzos, zorros o lobos (los grupos familiares en esta zona en concreto, no cuentan con un número elevado de individuos).

En fase terminal y debilitado apenas presenta comportamiento huidizo

Corzo en pleno proceso de formación de la cuerna
La misma vigilancia y seguimiento que se hace sobre el ganado doméstico debería hacerse sobre la fauna salvaje, y teniendo en cuenta, que las limitaciones  del manejo son considerablemente mayores, la gestión de las poblaciones de fauna, no pueden centrarse exclusivamente en le manejo del animal, sino que debe ser gestión conjunta de aspectos biológicos, sanitarios, cinegéticos y de manejo del habitat que ocupan.

Este repunte emergente de casos y la transmisión interespecífica, posiblemente de rebecos a ciervos y estos a corzos, zorros o lobos, sumado a la enorme dificultad de realizar tratamientos sanitarios efectivos, está ocasionando consecuencias a nivel poblacional de gran impacto y de difícil recuperación.
Se ha comprobado la alta efectividad, que supone la detección precoz, a través de cámaras termográficas, ya que la dermatitis causada por el ácaro, eleva la temperatura corporal. Esta técnica es fiable y sirve como alternativa en las primeras etapas, en las que apenas hay sintomatología externa y la observación a través de prismáticos, resulta ineficaz.






La solución es compleja y difícil, pero desde luego, se debe abordar como una tarea multidisciplinar ya que el manejo de individuos de forma aislada, es imposible.
El tratamiento con ivermectina, que se puede aplicar vía subcutánea, oral o incluso vía tópica (pipetas) es altamente eficaz , y a pesar de ser potencialmente imposible, debido al alto coste y  a la complejidad del manejo de ungulados salvajes, como puede ser una población de rebecos, si que se podría administrar, de forma puntual, en especies de mayor importancia a nivel del ecosistema, como puede ser, en lobos, impregnándola sobre carroña.

En especies cinegéticas, una adecuada gestión de caza, regulando las poblaciones, puede ser una medida preventiva del avance o  de la estabilización de la enfermedad.

Para finalizar, unas pequeñas pautas de prevención a la hora de manipular animales infestados.
1. Utilizar guantes de latex o nitrilo desechables.
2. En caso de no disponer de  ropa de protección (monos blancos, delantales, manguitos), lavar la ropa en agua caliente al menos 60 grados.
3. Lavar las herramientas de corte utilizadas (navaja, cuchillo, bisturí, pinzas) con agua caliente y detergente y posteriormente desinfectar con lejía.
4. No rascarse ni llevar las manos al pelo o tocar cualquier parte del cuerpo descubierta de piel.
5. Lavarse las manos con jabón de azufre  y ácido salicílico y acudir al médico ante los primeros síntomas de enrojecimiento de la piel, costras, picor (suele empezar en las manos, en la zona de los nudillos).
En caso de contagio el tratamiento es eficaz, pero puede ser prolongado en el tiempo y muy molesto.





















2 comentarios:

  1. Nardi enhorabuena por la iniciativa de acompañar tus magníficas fotografías con un buen resumen general de lo que es la sarna sarcoptica y su incidencia en la fauna salvaje de la montaña leonesa. No me consta que haya ningún trabajo respecto de la eficacia del tratamiento vía oral con ivermectina en el caso de lobos y sordos. Pero si se ha publicado la ineficacia del tratamiento en Cabra montes. Los niveles que se detectan de ivermectina a las 24 y 48h de la ingesta disminuyen hasta ser ineficaces. Por otro lado, está el problema de la dosificación, como bien sabes las dosis dependen del peso corporal, en la fauna salvaje es imposible controlar la ingesta que hacen animales adultos y jóvenes, sobre todo en habida cuenta de las jerarquías que existen en rebecos, cabras pero también con los lobos. No sería pues factible el tratamiento que sugerías sino fuera inyectable, que por motivos obvios es casi imposible.

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  2. Muchas gracias por acompañar la entrada con una explicación tan precisa del uso y las limitaciones de la ivermectina en fauna salvaje.
    Espero que la gente lea tu interesante comentario.
    En el caso concreto de ese lobo, el hecho de estar aislado del grupo familiar y que determinar el peso aproximado de un macho adulto no sería complicado, me llevo a pensar en la eficacia de la ivermectina aplicada sobre la carroña sin tener en cuenta otros factores.
    Muchas gracias por la aportación y gracias por visitar el blog. Un saludo.

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